Es necesaria una gestión pública “centrada en la persona”
El 14
de enero el Papa dirigió un discurso a los miembros de las Administraciones de
El «Bien
común» es el «bien para las personas que forman la comunidad»
(...)
En la encíclica Caritas in veritate recordé
que el desarrollo humano para ser auténtico debe tener en cuenta al hombre en
su totalidad, y debe realizarse en la caridad y en la verdad. La persona
humana, de hecho, está al centro de la acción política y su crecimiento moral y
espiritual debe ser la primera preocupación para aquellos que han sido llamados
a administrar la comunidad civil. Es fundamental que cuantos han recibido de la
confianza de los ciudadanos la alta responsabilidad de gobernar las
instituciones adviertan como prioritaria la exigencia de perseguir
constantemente el bien común, que “no es un bien buscado por sí mismo, sino
para las personas que forman parte de esa comunidad social y que sólo en ella
pueden realmente y más eficazmente conseguir su bien» (Caritas in veritate, 7). Para que esto suceda, es oportuno
que en las sedes institucionales se busque favorecer una sana dialéctica ya que
cuanto más sean compartidas las decisiones y los procesos, tanto más estos
permitirán un eficaz desarrollo para los habitantes de los territorios
administrados.
Estructuras
de intercambio que eviten el individualismo
En
este contexto deseo expresar mi aprecio por los esfuerzos realizados por estas
Administraciones para salir al encuentro de los sectores más débiles y
marginados de la sociedad, de cara a la promoción de una convivencia más justa
y solidaria. Al respecto, quisiera invitaros a poner todo cuidado para que la centralidad
de la persona humana y de la familia constituyan el
principio inspirador de cada decisión vuestra. A él, particularmente, es
necesario hacer referencia en la realización de los nuevos asentamientos de la
ciudad, para que los complejos habitacionales que están surgiendo no sean sólo
barrios dormitorio. Con este fin, es oportuno que se prevean esas estructuras
que favorecen los procesos de socialización, evitando así que surja y se incremente la cerrazón en el individualismo y la atención
exclusiva a los propios intereses, lo que es dañoso para toda convivencia
humana.
Función
también social de los complejos parroquiales
Respetando
las competencias de las autoridades civiles,
Los
«oratorios de los pequeños»
Esta
colaboración ha permitido alcanzar objetivos significativos. Al respecto,
quiero recordar que en algunos barrios nuevos, donde viven en particular
familias jóvenes con niños pequeños, las comunidades eclesiales, conscientes de
que la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo humano
(cfr Ibid., 28), han realizado los
“oratorios de los pequeños”. Estas útiles estructuras permiten a los niños
transcurrir las horas de la jornada, mientras sus padres trabajan. Confío en
que una sinergia cada vez más fecunda entre las diversas instituciones permita
el surgimiento en las zonas periféricas, como también en el resto de la ciudad,
de estructuras análogas que ayuden a los jóvenes padres en su tarea educativa.
Auguro también que puedan adoptarse otros procedimientos ulteriores a favor de
las familias, en particular de las numerosas, para que toda la ciudad goce de
la función insustituible de esta institución, primaria e indispensable célula
de la sociedad.
Educar en
los valores auténticos, en una visión «alta» del hombre
Dentro
de la promoción del bien común, la educación de las nuevas generaciones, que
constituyen en futuro de nuestra región, representa una preocupación
predominante que los Administradores del ente público comparten con
Promover
el «don de sí», recordando que la felicidad es un «don compartido»
En
particular, en las propuestas formativas sobre los grandes temas de la
afectividad y de la sexualidad, tan importantes para la vida, es necesario
evitar proponer a los adolescentes y a los jóvenes caminos que favorezcan la
banalización de estas dimensiones fundamentales de la existencia humana. Deseo,
con este propósito, invitar a todos a comprender que, al pronunciar su no,
Apoyar a
búsqueda de sentido en la enfermedad y el dolor.
Finalmente,
no puedo dejar de exhortar a las autoridades competentes a una atención
constante y coherente al mundo de la enfermedad y del sufrimiento. Las
estructuras sanitarias, tan numerosas en Roma y en el Lacio, que ofrecen un
importante servicio a la comunidad, deben ser lugares en los cuales se
encuentren cada vez más una gestión atenta y responsable de los asuntos
públicos, competencias profesionales y dedicación generosa hacia el enfermo,
cuya acogida y cuidados, deben ser el sumo criterio de cuantos trabajan en ese
ámbito. Roma y el Lacio, junto a las estructuras sanitarias públicas, ven desde
hace siglos la presencia de las de inspiración católica, que trabajan a favor
de amplias capas de la población. En ellas se intenta conjugar la competencia
profesional y la atención al enfermo con la verdad y la caridad de Cristo. De
hecho, inspirándose en el Evangelio, ellas se esfuerzan por acercarse a las
personas que sufren con amor y esperanza, apoyando también la búsqueda de
sentido e intentando proporcionar respuestas a los interrogantes que
inevitablemente surgen en los corazones de cuantos viven la difícil dimensión
de la enfermedad y del dolor. (...)
Traducción
del italiano por Inma Álvarez (Zenit)